El día que Radiohead estuvo en Ojo de Agua (Primera parte)
Hasta hace unos 15 o 20 años, Hacienda Ojo de Agua era un buen lugar para vivir. No, más que eso; era extraordinario. Imaginen un pueblo ‘hypeado’ que, en la década de los setenta, se levantó al rededor de una ex hacienda maravillosa de esas que el gobierno abandona a su suerte. Todo era verde, cerca, conocido y silencioso. Por las mañanas las señoras iban al establo con botes lecheros, y por las noches, aunque usted no lo crea, alguien que jamás ví, gritaba… “las once y sereno”.
Estaba lejos de la ciudad, pero lo suficientemente cerca para poder ir a la escuela o al trabajo. El transporte del colegio Frances Hidalgo y el del Tepeyac iban desde Lindavista hasta tierras ojodeagueñas por una bola de chamacos medio dormidos, medio greñudos y medio provincianos. Después, las tardes eran para vivirlas en las calles o en el boulevard. Sí, en Ojo de Agua se le decía ‘boulervard’ a la vía principal, como si viviéramos en Los Ángeles. Les dije que era un pueblo hypeado, tanto, que la gente se ofendía si lo llamaban pueblo; “Es un frac-cio-na-mien-to”, decían los oriundos.
Viví ahí toda mi adolescencia hasta la universidad, por eso puedo hablarles de Ojo de Agua y de cuando Radiohead se apareció en aquel pueblo quieto que, hasta ese día, fue muy inocente.
Continuará…
Discover Radiohead!